Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza. Señálame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma. Te saluda tu amiga Merari Medina. Bienvenidos a Rocío para el alma. Lecturas devocionales. La Biblia. Apocalipsis capítulo 1. la revelación de Jesucristo que Dios le dio para manifestar a su siervo las cosas que deben suceder pronto. Y la declaró, enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca. Juan, a las siete iglesias que están en Asia, gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono, y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra, al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios su Padre. A él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron, y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Yo soy el alfa y la omega, principio y fin, dice el Señor. el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. Yo, Juan, vuestro hermano y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta que decía, «Yo soy el Alfa y el Omega». el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves y envíalo a las siete iglesias que están en Asia, a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Teatira, Sardis, Filadelfia y la Odisea. y me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros a uno semejante al hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve, sus ojos como llama de fuego, y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente, como en un horno, y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas, de su boca salía una espada aguda de dos filos, y su rostro era como el sol como resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies, y él puso su diestra sobre mí, diciéndome, «No temas, yo soy el primero y el último, y el que vivo y estuve muerto, mas he aquí Amén. Amén. Amén. para el alma. Te envío con mucho cariño. Fuertes abrazos tototes y lluvia de bendiciones.